HIFU, radiofrecuencia, láser e IPL: cómo elegir cada tecnología (I)
¿HIFU o radiofrecuencia?
Es una de las comparaciones más habituales en medicina estética. Pero probablemente no sea la mejor pregunta.
Ambas tecnologías pueden formar parte de protocolos dirigidos a mejorar firmeza, estructura o calidad cutánea, pero no generan la energía del mismo modo ni necesariamente trabajan sobre los mismos planos.
Por eso, antes de elegir tecnología, hay otra pregunta:
¿Qué tejido queremos tratar?
El envejecimiento no ocurre en una sola capa. El envejecimiento facial es un proceso tridimensional.
Cambian la epidermis y la dermis, pero también el tejido subcutáneo, los compartimentos grasos, los ligamentos y las estructuras musculares y fasciales.
Por eso dos pacientes que consultan por “flacidez” pueden presentar situaciones completamente distintas: pérdida de densidad dérmica, deterioro de la elasticidad, descenso tisular, cambios volumétricos o una combinación de varios factores.
Y ahí la profundidad empieza a importar.
HIFU y MFU: energía focalizada en puntos concretos
Los sistemas de ultrasonido focalizado concentran energía en niveles determinados sin necesidad de afectar de la misma manera al tejido situado por encima.
En sistemas de ultrasonido microfocalizado son habituales transductores diseñados para trabajar a 1,5, 3,0 y 4,5 mm, alcanzando desde planos dérmicos hasta estructuras más profundas según la zona y el dispositivo. La energía genera puntos térmicos controlados que inducen contracción y posterior remodelación del colágeno.
Esto hace que el ultrasonido resulte especialmente interesante cuando el planteamiento clínico requiere trabajar firmeza, soporte y determinadas estructuras profundas.
Pero trabajar más profundo no significa necesariamente trabajar mejor.
Significa trabajar otro plano anatómico.
Radiofrecuencia: otra forma de trabajar el tejido
La radiofrecuencia no utiliza ultrasonidos ni luz.
Emplea corriente eléctrica para generar calentamiento controlado en el tejido. Ese calentamiento puede producir cambios inmediatos en las fibras de colágeno y desencadenar posteriormente procesos de remodelación y neocolagénesis.
Pero tampoco existe una única “radiofrecuencia”.
Monopolar, bipolar, multipolar o fraccionada presentan distribuciones energéticas distintas y deben valorarse según el dispositivo, la indicación y los parámetros utilizados.
Esto permite trabajar aspectos relacionados con:
densidad · elasticidad · textura · firmeza · calidad cutánea
El concepto importante no es, por tanto, decidir si RF es mejor o peor que HIFU.
Es determinar qué respuesta queremos generar en el tejido.
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HIFU y RF: ¿competidores o complementarios?
En muchos casos, complementarios.
Un paciente puede necesitar actuar sobre estructuras profundas y, al mismo tiempo, presentar pérdida de calidad dérmica.
Es precisamente esta realidad clínica la que está impulsando los protocolos que combinan energías y profundidades.
New Duoblo 2.0, por ejemplo, integra ultrasonido microfocalizado y radiofrecuencia mediante su estrategia Synergy Dotting, permitiendo trabajar distintos niveles dentro de un mismo planteamiento terapéutico.
Lo relevante no es incorporar más tecnología al protocolo.
Es que cada energía tenga una función concreta dentro de él.
Entonces, ¿cómo elegir?
Antes de decidir entre HIFU/MFU y radiofrecuencia, conviene responder a cuatro preguntas:
¿Cuál es el signo que queremos mejorar?
Firmeza, laxitud, elasticidad, densidad, textura, contorno…
¿Dónde se encuentra principalmente el problema?
Dermis superficial, dermis profunda, tejido subcutáneo o estructuras más profundas.
¿Qué respuesta queremos provocar?
Calentamiento dérmico, remodelación de colágeno, coagulación focal…
¿Una única energía cubre el objetivo clínico?
A veces sí.
Otras veces, la combinación tiene más sentido.
La profundidad adecuada no es la máxima
Uno de los errores más sencillos de cometer es asociar profundidad con eficacia.
Más profundo no significa necesariamente mejor.
La profundidad adecuada es aquella que corresponde al tejido diana y al objetivo que hemos definido durante la valoración.
Y por eso la tecnología debería ser consecuencia del diagnóstico, no al revés.
En la segunda parte
En HIFU, radiofrecuencia, láser e IPL: cómo elegir cada tecnología (II) damos el siguiente paso.
Porque cuando entramos en láser e IPL ya no importa únicamente hasta dónde llega la energía.
También importa qué estructura queremos que la absorba.